Empatía

Empatía: ¿Si juntamos a Mary Poppins con Oskar Schindler?

Lo mismo estás leyendo esto sólo por la curiosidad de tan extraña mezcolanza entre Mary Poppins y  Oskar Schindler. Y te lo voy a explicar. Porque son dos referencias cinematográficas que mi cabeza relacionó con el concepto de empatía hace ya meses, cuando comencé a escribir este post, que me está llevando mucho tiempo por diversas circunstancias vitales y laborales.

Ha llegado MI hora…

Hace poco tiempo descubrí con asombro que no soy una persona empática. ¿Qué? Pero, ¿cómo? ¡Qué dices! Si los que te conocen siempre han dicho que eres una persona muy empática, que entiendes a los otros, que eso te hace ser buen escuchador…

Y quizás todo eso sea cierto, pero más cierto aún es mi último descubrimiento.

 

Mi situación es otra que, a mi entender, va más allá. Descubrí que no es que sea una persona con empatía porque soy alguien que, además, tiende a la identificación, lo cual intuí en su momento que debe ser como la empatía pero un nivel pro máster plus o algo así. Vamos, que podría ser hasta peor, la verdad, y lo digo en el sentido de que tiene una mayor implicación y, sobre todo, dificultad a la hora de desligar lo que realmente soy y siento, así como del propósito personal para el que debo haber venido a esta vida.

A veces (muchas veces… millones de veces) la identificación es tan grande que renuncio a mis propios proyectos, en favor de otros que, aunque bien puedan gustarme, no son los míos. Aunque al final los hago míos y re-míos. De ahí se podrían explicar muchos actos sueltos en la vida.

 

¡¡¡43 años!!!

 

Sí, 43 años para darme cuenta de esto!!!! Si por eso digo siempre que todo está en el Oráculo de Delfos, jeje.

Conócete a ti mismo

“Conócete a ti mismo y entonces conocerás el universo y a los dioses”

Parece una tontería y me podría hasta dar vergüenza reconocerlo públicamente, pero lo cierto es que quizás alguien se dé cuenta también al leer esto, y por eso te lo cuento.

 

Cuando te identificas, renuncias a tu propio yo, a tu propia vida, porque siempre te estás inmiscuyendo (aunque sea con permiso) en la vida de los otros.

 

Y al identificarte, lo haces completamente tuyo, para bien y para mal. Los buenos momentos con otros (que no son tuyos propiamente dicho), las risas, las ilusiones… te hacen florecer y te hacen sentir aparentemente bien (aunque en el fondo, quizás, no tanto, porque no son tus risas, ni tus ilusiones ni tus proyectos).

 

Y,  ¿por qué digo esto? Porque hay personas que me buscan, me llaman, me comentan… si estuvieras en mi centro, si quisieras dirigir esta o tal otra cosa, este centro; si trabajaras en esta idea, si colaboras… y yo, que tiendo a la identificación, me emociono y me lo planteo con la seriedad que creo que se merece cada idea. Hay gente que me ha pedido que dirija un instituto concreto. Es más… llevo 6 años arrastrando el bulo de que yo quería presentarme a director en mi centro y echar de ahí a la actual. Por fin, se ha demostrado que no era tal cosa. Incluso hay personas que me han vendido determinadas ideas de forma que parecieran una gran propuesta, una idea fascinante. Otros han  mordido la yugular afectiva: “Lo que podrías hacer por todos esos niños”. De veras que agradezco la confianza depositada en mí para una tarea como ésta. Pero no es mi momento ni mi propósito. Y, sobre todo, no es mío. Y no lo digo desde el narcisismo, sino en este contexto: no me puedo identificar con las ideas de los otros. No puedo estar en todas partes.

 

Asumir que no puedo (y que no podemos) salvar el mundo, aunque me encantaría, me ha llevado mucho tiempo. Aprovecho para, salvando las distancias, por supuesto, hacer mías en este momento las palabras de Wonder Woman:

Antes quería salvar el mundo, acabar con la guerra y devolver la paz a la humanidad, pero entonces vislumbré la oscuridad que vive en su luz y aprendí que dentro de cada hombre conviven ambas, es una batalla que cada uno ha de librar en solitario, algo que ningún héroe jamás derrotará. Y ahora sé que sólo el amor puede salvar el mundo. Así que me quedaré, lucharé y me entregaré por el mundo que sé que puede llegar a ser. Ésta es mi misión ahora. Ahora y siempre.

Aquí tienes la escena de la que hablo.

 

Ojalá tuviéramos una varita con la que decir petrificus totalus (por no usar el maleficio imperius) para detener determinadas acciones. No podemos (a partir de ahora, sigo en presente, para forzar mi aceptación),  o, mejor, no puedo rescatar todo, no puedo enmendar todo, no soy omnipresente, gracias a quien sea, no puedo alcanzarlo todo (por suerte). Porque es sin poder y termino agotado, no quiero pensar cómo sería de otro modo.

 

Ha llegado mi hora, pero no ésa, no, sino la de centrarme en MIS proyectos, en MIS propósitos y en las cosas que ME gustan y creo que puedo y quiero hacer. Bastante tengo con bregar con la autoestima a diario como para, además, estar pendiente de ideas y proyectos de otros.

Porque ésta es la única forma de salir de este bucle: tomando conciencia, conectando contigo mismo y sabiendo cuál es tu lugar y tu camino. No estoy hablando de abandonar a los que te rodean, de cetntrarte sólo en ti… nada de eso, es hacerlo desde tu centro, desde lo que eres y que tanto tiempo permaneció oculto.

Por eso me vino la imagen de ese pobre, desconsolado y autoculpable Oskar Schindler, cuando se coge el pin de oro que llevaba encima [spoiler] y se lamenta llorando torrencialmente que con eso podría haber salvado a dos personas más. Oskar Schindler salvó a más personas de las que nunca habríamos podido imaginar o conocer hasta que Spielberg hizo la peli. Siempre podría haber salvado a más, pero nunca podría haber salvado a todo el mundo ni a todos los judíos. [fin de spoiler]

Ni mucho menos soy Oskar Schindler, ni es mi propósito compararme con él, por favor, sería un insulto a su legado y a su historia, pero como ya sabéis que tiendo a la identificación, pues me identifico emocional y metafóricamente con ese momento.

Y, ya puestos, prefiero identificarme con Mary Poppins, con esa mujer que va de un lado para otro, aportando, sacando lo mejor de otros, mostrando, despertando… Creo que ese es mi papel, ir de un lado para otro, con un poco de azúcar, trabajando por y para mi alumnado. Sacando lo mejor de ellos y reforzando su autoestima, ésa que no tienen apenas la mayoría de ellos porque el mundo del siglo XXI arrastra el lastre del comercio a toda costa, lo que incluye el cariño y el amor (propio y ajeno). De ahí que haya tanta gente que se prostituye a diario en cualquier parte del mundo por un poco de cariño.

 

Y, ¿sabéis qué me pasó el día que empecé a escribir este post, hace unos 5 meses? Llevaba varios días hablando con un alumno que quiere ser ingeniero aeronáutico. Con unas condiciones nada favorables para lograrlo, únicamente con el hecho de que es lo que quiere hacer. Después de varios días charlando con él, o de dejarle caer mensajes positivos o hacerle referencia a la aeronáutica, le leí una historia de una mujer que tenía todas las dificultades del mundo y, sin embargo, llegó a lo más lejos, adonde nadie podía imaginar. Cuando le he leído la historia, en forma de cuento, me ha dicho muy serio y con contundencia:

– Maestro, cuando yo sea un ingeniero famoso y me hagan una entrevista, diré: “quiero dar las gracias a mi profe de lengua de 2º de eso, porque me hizo confiar en que podía llegar adonde he llegado”.

 

Amén hermano!!

 

 

Y si te apetece un bonus extra, aquí te dejo un vídeo del gran Fidel Delgado sobre la empatía. Apenas unos 10 minutos:

 

La Empatía

Gepostet von Fidel Delgado am Donnerstag, 21. September 2017

 

Y ahora ya sí que me despido.

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2 Comentarios

  1. Carol Torrecilla García says:

    Hola Álvaro:
    Me ha encantado encontrarte y leer tu blog.
    ¡Qué gran post!¡La empatía es primordial en este mundo, pero has sabido muy bien diferenciarla de otros sentimientos en esta entrada!
    ¡Felicidades!
    Con todo mi cariño:
    Carol Torrecilla García

    • ¡Ay, Carol!
      ¡Qué de tiempo!
      Me alegra de que te haya gustado el post. Éste concretamente me ha costado muchos meses terminarlo y publicarlo. Incluso ya publicado le hice añadidos y cambios.
      ¡Gracias por tus cariñosas palabras!
      Y por lo que he visto, seguiremos en contacto.
      Besos.

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