¿Ha cambiado el sistema educativo en 40 años?

¿Ha cambiado el sistema educativo en 40 años?

Como muchos ya sabéis, ejerzo mi labor docente como profesor de secundaria en Andalucía, y me consta, por algunos compañeros, que algunas cosas son muy diferentes (tanto para bien, como para mal) en distintos lugares. Me hablan maravillas de Tenerife y veo las del IES Cartima, así como pequeños gestos o maravillas en centros escolares perdidos en la inmensidad de la administración; al igual que sé de tristezas o de historias desgarradoras o de la persistencia del sinsentido en otros lugares.

Me pregunta Sorina Oprean si el sistema educativo ha cambiado mucho o poco en los últimos 40 años. Yo tengo 41, así que mi visión es más corta que la de otros, sin embargo, me voy a atrever a dar mi opinión a partir de mi propia experiencia y mis lecturas.

Las instituciones, como parte del sistema y dado su engranaje, son muy difíciles de redirigir en el transcurso de su función. La prueba es que quienes la dirigen o trabajan en ella, siguen perpetuando esquemas sin conciencia, con toda su mejor intención. La Iglesia perpetúa, la política perpetúa, la RAE no admite palabras nuevas hasta pasados un montón de años de uso…

El sistema, en mi opinión, ha mejorado en aspectos meramente tangenciales, en el sentido de que se ha adaptado a pequeños cambios sociales, sin embargo, en esencia, sigue siendo lo mismo. Y yo mismo soy la prueba de ello cada vez que recaigo en aquello que no quiero pero que me sale sin pensar porque lo llevo en la sangre. Hace falta un esfuerzo y trabajo personal titánicos para enderezar esto y sacar lo mejor de tus alumnos, porque, en principio, todo está en contra. O, más bien, soy yo el que va en contra. La mayoría de tus compañeros te toman por loco, muchos de tus jefes te miran con la envidia inconsciente de sentirse más pequeños a tu lado porque esa postura es francamente  mejor y más cómoda que trabajar codo con codo; a otros les molesta que los niños te critiquen por los pasillos porque ya no les das clase o te hagan pequeños obsequios (un dibujo o un abrazo)… Muchas familias se ponen en contra porque no sienten que eso que les dices sea lo más adecuado… Y un sinfín de ejemplos e historias.

El problema es que:

  1. El ser humano lleva por defecto una célula intrínseca de miedo y resistencia al cambio. Cuando nos venden algo y al lado escriben: “anunciado en TV”, lo único que busca ese mensaje es la reafirmación de que es algo común, que no es nada nuevo y, por tanto, que es algo confiable. No va a suponer, pues, ningún riesgo. Nietzsche decía que no hay nada que consuele más al hombre (entendido como ser humano) que saber que otro ya ha pasado por eso. Si no conozco a nadie que haya vuelto para contárnoslo, es que no es bueno. Eso pensamos de primera si no hemos ejercitado la mente para abrirnos a nuevas realidades.
  2. Por definición, las instituciones son difíciles de cambiar, porque están institucionalizadas. Su etimología proviene del latín constituĕre: organizar, instituir, disponer…, de hecho, es la misma raíz de constitución que ya por el 1200 venía a significar “decreto”. Es algo, por tanto, ya dispuesto y en el que es muy complejo que los de dentro, si no tienen realmente una mente abierta, puedan cambiar.

Cuando se da la conjunción de estos dos factores, estamos ante una mezcla explosiva, como mezclar nitrógeno y glicerina… De ahí que no haya tantos cambios de fondo, aunque sí de forma. Llevo semanas viendo libros de texto y algunos los ofertan como súper innovadores… pero cuando los abres, echan la misma peste de siempre (otros muchos, no), aunque le hayan puesto alguna frase guay, para parecer innovadores… Es verdad que los maestros y profes ya no pegan a los niños en los colegios, es verdad que se innova, es verdad que se trabaja la inteligencia emocioal o las 8 de Gardner… y es verdad que hay muchas verdades que no se pueden refutar, sin embargo, en el fondo, pervive lo mismo de siempre: obediencia castrense, igualitarismo, la mediocridad, la evaluación igualitaria, la incompetencia de algunos, la brillantez de otros… la vida misma. El fondo sigue perpetuando lo institucionalizado, aunque sea de forma inconsciente, aunque a veces nos comportemos con el brío de la vocación o como mercenarios de la educación con desidia.

Seguimos sin poner el protagonismo del sistema educativo sobre los chicos y chicas que están ahí para aprender y desenvolverse en la vida. Seguimos sin pensar en sus intereses y/o  en sus necesidades (y, por otro lado, es imposible hacerlo porque tenemos a 30 niños delante, cada uno con sus cosas y con sus días), los amontonamos en pequeñas aulas que, en muchas ocasiones, ni se pueden pintar, ni hacer atractivas por falta de presupuesto (o por desinterés de los que dirigen), sin prestarles atención (porque tampoco da tiempo), las rejas siguen, los toques de timbre, las filas, la obligatoriedad, todo debe andar igual, se les evalúa con un número (y cuando intentas salirte de esa premisa hasta a uno mismo le chirría), se les quiere iguales enmarcados en la piel de un falso igualitarismo que, en ocasiones, los conduce por los mismos caminos.

Y claro que hay muchas personas dentro del sistema educativo que hacen lo posible por mejorar  el interés de los alumnos, claro que hay muchísimas personas que se desviven a diario y se dejan la piel por hacer que los chicos se sientan a gusto y disfruten de su aprendizaje. Pero si tengo que hablar como sistema, entonces mi opinión es que no funciona, que no nos lleva a ningún sitio nuevo, ni bueno, sino a más de lo mismo. Hacen falta cambios en todos los ámbitos y estamentos que puede englobar (o engullir) la educación: los niños, las familias,  los maestros, el PAS, la sociedad, los legisladores, los políticos…

Y  es que para cambiar esto hay que ir introduciendo multitud de ínfimos cambios en el día a día… Dice Olga Carmona en una entrevista que le hace Gema Lendoiro que “las sociedades cambian antes sus leyes que sus mentalidades. Hacen falta varias generaciones para erradicar una forma de pensamiento”.

Gracias a Eva Bailén, por ejemplo, en España se ha llegado a cuestionar al menos el tema de los deberes. Gracias a profesores que innovan se van extendiendo nuevas ideas. Hacen falta Eva, César Bona, Rosa Liarte y miles de desconocidos más que enarbolen auténticas banderas que demuestren que sí que sirve de algo ese camino que muchos iniciaron y del que nunca se supo nada salvo en su lugar de trabajo (que no es poco).

Son esos pequeños cambios los que van preparando el camino de algo nuevo que vendrá y que, quizás, se estudiará en libros de historia, pero probablemente no los veamos siquiera nosotros, porque nosotros seremos el cambio, y desde dentro se ve diferente que con la vista puesta atrás.

Espero, Sorina, haber respondido a lo que me preguntabas, sé que me he enrollado, ya me conoces, me pongo a escribir y… me quedo sólo.

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