Cuando hay que improvisar hace falta un buen liderazgo.

Cuando hay que improvisar hace falta un buen liderazgo.

Pues, ciertamente, cuando hay que improvisar, como ahora se está haciendo en educación (y en otros ámbitos), hace falta un buen liderazgo.
 
Os dejo un vídeo de Bruce Springsteen. Sólo los buenos músicos, como los buenos maestros (o profes), pueden hacer estas cosas.
Aunque no lo parezca, os voy a hablar de educación. Y aprovechando que de nuevo empezamos tras la semana santa…

 
Veréis, yo estoy hasta los pelos (por no ser grosero) de tanto caos, descoordinación y desconcierto en mi centro. Y también en mi delegación, en mi consejería… No puede ser que cada uno vaya por su lado, en total desconcierto para todos, y que hoy sea una cosa y mañana otra, o no.

Una clase y/o un centro educativo (al completo) es como esta canción en directo de Bruce.

Bruce está en un concierto  en Leipzig (aunque lo hace otras veces también). Y le piden una canción: You never can tell (temazo… la del bailecito en Pulp Fiction).

Un maestro (o una directiva) tiene que tener en cuenta a todas las partes. Entre todos trabajan juntos, codo con codo. Cuando surge una improvisación, hace falta un buen liderazgo que acompañe el camino de todos los implicados para cumplir los objetivos previstos (o imprevistos).

Vuelvo a Bruce
No la lleva preparada (o eso parece). Tiene que improvisar.
Primero empieza a buscar el camino adecuado para él, pero sin dejar de pensar en los otros. Saca los acordes, en directo, delante de todos, mostrando el proceso lleno de errores y aciertos, buscando el tono adecuado para poder cantar, sacando el ritmo, la composición general… Cambia la guitarra, quizás porque ve que es preferible usar otro instrumento que se adecúe mejor. Y otros le ayudan en ese proceso original.
Después, cuando ya tiene el tono y las notas generales, mira al resto de la banda. Hay miradas que transmiten tanta información… Hay gente que con sólo mirarse, ya se entienden a la perfección. Porque hay conexión, relación personal, implicación en el trabajo, ganas de sacar adelante un proyecto.
Esto no pasa cuando tu líder es un inepto que sólo quiere cobrar y no hace nada por mejorar la situación de la clase o de tu centro. Si es de los últimos, se avecina un nuevo episodio del Titánic. Y de ineptos parece que estamos rodeados muchas veces. Hasta aquí voy a leer.
El caso, sigo con Bruce, es que mira al resto. Lo entienden a la perfección. Son músicos dedicados a esto mucho tiempo y con ilusión, seguro, y la experiencia es un grado. Cada uno se hace su propia composición mental y comienzan a dar rienda suelta a su creatividad siguiendo el esquema planteado por el líder. Practican varios compases, por encima, mientras el líder los va animando, disfrutan y se ríen, emocionados, con la preparación. Hasta hace participar al público, como preguntando si les parece bien lo que están planteando, animándoles a que se manifiesten.
Cuando creen que ya está todo listo, sin más dilación, empieza el espectáculo. Y lo hace como tiene que hacerlo un líder, preguntando: «Are you ready?»
Todos se van acoplando como un guante hecho a medida al ritmo, sonido, tono y, por supuesto, a las ganas de darlo todo, de pasarlo bien y de que los demás disfruten. Y eso incluye a «los usuarios», a ese público entregaíto.

Todos son piezas fundamentales de un engranaje mayor

 

El líder, que es un buen líder, reconoce el esfuezo de sus compañeros y, en el transcurso de la actividad, va cediendo protagonismo por espacios a todos y cada uno de ellos, nombrándolos y reconociendo su labor, porque se lo han merecido tanto o más que él. Y buen líder lo sabe. Y cómo es bueno en lo que hace, pues decide compartir el éxito con los demás.
En ese protagonismo colectivo:
  1. No se pisan. Cada uno tiene su hueco.
  2. Improvisan y tienen cierto margen de actuación para actuar e intrepretar, para aportar su toque personal,de forma flexible, pero sin salirse del patrón original.
Yo hace años que no vivo en un buen liderazgo, la verdad. Lo nuestro es más el caos. La improvisación teatral, el match de improvisación, pero sin gracia. Descoordinados como nunca y faltitos de un buen timonel que fije un rumbo concreto para que todos arrimemos el hombro.
Fomentemos el liderazgo. La administración misma debería fomentar esto y no sólo sumar unos puntos de baremación según no sé qué rollos.
Como dice Alejandro Busto Castelli, aquí hay muchos jefes, pero muy pocos líderes.

Un centro educativo, un cole, un instituto una clase más en concreto, debería gozar de un buen líder, que plantee las tareas con humildad, sabiendo que puede haber errores, reconociéndolos, animando, motivando, organizando, coordinando, manteniendo el orden en el trabajo, haciendo participar a sus compañeros en un barco que hace aguas lleno de agujeros (como decía Nohemí Hervada), dejándoles su espacio para maniobrar, acompañándolos, dándoles su espacio de protagonismo cuando haga falta.

Así es como deberíamos funcionar.
Disfruta del vídeo.

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