Y… ¿para qué?

Y… ¿para qué?

He tenido unas semanas de locura en las que no he podido ejercer mi sentir blogero a través de este espacio. Disculpas. Pero he vuelto, y hoy voy a escribiros sobre el «para qué… si total…»
Y, ¿qué es esto? Pues veréis:
Esta frase es muy común en nuestro mundo actual, en nuestras conversaciones, en nuestro entorno. Para qué voy a hacer esto, para qué vamos a…, para qué… y lo peor no es ese para qué, sino la frase con la que solemos apostillar después en determinados contextos: «si total (como decimos mucho por Andalucía) ya no hay ná que hacer».

Como leí una vez en internet, tienes 2 opciones:
  • Tirar la toalla y renunciar
  • O usarla para secarte el sudor de la frente y seguir a delante.
Una de las críticas furibundas que suelo lanzar contra el actual sistema educativo y todo su engranaje es que nos convierte en esclavos, en sumisos, inactivos, incapacitados e inoperantes. Nos quedamos paralizados por el veneno que nos inoculan desde chicos. Es como las pistolitas eléctricas que quieren poner de moda ahora. Somos incapaces de pensar, reflexionar decentemente y darnos cuenta de que nos están engañando o que hay cosas que no deberíasn ser como creemos que sí deberían ser. Pues no.
Indefensión aprendida: para qué. No pienso mover un dedo por esto, porque es que es así, y ya no se puede hacer nada.Y me lo como (normalmente sin patatas).
Y así se nos pasa la vida.
Debemos movernos y debemos incentivar a los chicos a que se muevan. Más de una vez he instigado revoluciones en algún instituto en los que he trabajado (y siempre por causas que ellos creían que eran necesarias, no por «queremos una piscina en el instituto»…). No lo he he hecho por maldad, ni por fastidiar, sino para que los chicos aprendan a que siempre se pueden obtener cambios, que siempre hay una opción, aunque sólo sea la del pataleo, esa en la que somos escuchados (o, a lo peor, oídos), esa en que por lo menos dejamos claro que estamos en desacuerdo, aunque no obtengamos lo que queremos. Siempre nos queda intentar buscar soluciones lo más adecuadas para todos.
Es decir, lo contrario de lo que están acostumbrados a ver, conocer o experimentar. No te muevas, no hables, no digas, tu opinión no tiene validez, no me interesa, quién te ha dado velas en este entierro, tú eres tonto o qué, plasta, quién te ha preguntado,… Incluso, lo ven en el día a día del país: políticos que no hacen caso de las protestas, que siguen a sus intereses y no a los de los de la mayoría…
Les digo que deben protestar, y que para ello deben seguir los cauces oportunos. No se trata de salir a tirar piedras. Pero hay que moverse, hay que investigar, hay que luchar por lo que uno cree adecuado. Incluso en esas ocasiones en que te ves solo.
Sólo y diferente
Justo hoy hablábamos con una de nuestras hijas la importancia de hacerte caso a ti mismo cuando estás seguro de algo aunque todos los demás te dicen lo contrario. Y la hermana nos dice que eso le apasó un día en clase, que ella creía una cosa y todos los demás le decían que no… y al final era lo que ella decía. Esto tan simple, pero llevado a las diferentes facetas de la vida.

Y estos días lo he vivido en primera persona.

¿Qué es lo que queremos transmitirles a nuestros hijos e hijas? ¿Esa indefensión contenida de años que acaba en un bronca callejera o en una reyerta futbolera con 48 heridos?

Si a nuestros hijos y alumnos les imbuimos en esa indefensión, no los estaremos educando adecuadamente, seguiremos trabajando para esa gran fábrica educativa al servicio de sus señorías.
Creo que debemos hacer pensar, hacer reflexionar y, respetuosa y educadamente, enseñar a pelear desde el diálogo y las normativas para obtener lo que es tuyo en tu derecho. Hay que olvidar la dejadez y la insensatez. Lo llevamos tan arraigado que ni nos damos cuenta, es como levantarte por la mañana, ir al baño, lavarte la cara, hacer un pipí… Hay días que lo llevas tan automatizado que no recuerdas si lo has hecho todo o te ha faltado algo por hacer; es como ir todos los días por el mismo camino, que dejas de ver las tiendas nuevas o las que han cerrado, o los árboles que han plantado o las flores que han salido al calor de estos días.
No dejemos que nos manipulen hasta límites que ni sospechamos que lo hacen.

Hay que despertar.

Y hay que tener en cuenta que muchas veces esa misma indefensión nos lleva a elegir a una pareja equivocada, un trabajo que no es para nosotros, unos estudios que no nos merecen, unos amigos que no nos convienen o un acompañante que nos amarga el día a día. Hay que despertar no solo para luchar por algo que crees que te pertenece o te mereces, también hay que vencerlo para perseguir aquello que quieres o pretendes obtener.

No te dejes achantar. Cada uno está aquí para una cosa concreta que absolutamente nadie más puede dar al mundo. Tu misión es buscarla, sacarla a la luz y darle brillo. Y si te dejas guiar por las necedades de algunos que te rodean, es que no lo ves claro o es que, en el fondo, eres tan necio como los demás (y discúlpame si te ofendes). Pero es que a veces arratrasmos momentos o una vida miserable por no escucharnos, por no tener la valentía de hacer lo que sabemos que debemos hacer o por no querer, simplemente, escucharnos.

Mucha gente perdida. Mucha. Mañana he quedado para desayunar con una. Perdida. Y sóla. Terriblemente. Desconsoladamente.

Nadie mejor que tú para saber lo mejor para ti (pero no a lo loco… requiere tiempo para ti, madurez, reflexión…)

¿Y ahora qué? ¿Vas a tirar la toalla?

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