He llegado a una conclusión aterradora: yo soy el elemento decisivo en el aula. Es mi actitud personal la que crea el clima. Es mi humor diario el que determina el tiempo. Como maestro, poseo un poder tremendo: el de hacer que la vida de un niño sea miserable o feliz… Puedo ser un instrumento de lesión… o de cicatrización.

G.Guinot, La tragedia educativa

 

Da igual el humor del que esté el alumnado, detectan enseguida si pueden seguir así o deben cambiar instantáneamente. Y eso va a depender de mi actitud al entrar en clase, es lo realmente determinante.

Entonces, ¿cómo queremos entrar?

Me ha llegado a pasar que he entrado en un aula y les he dicho: «Por favor, vengo muy alterado de la clase anterior, os pido un ratito de comprensión para que me relaje, no quiero pagarlo injustamente con vosotros». Y siempre me ha funcionado.

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