Sobres de Azúcar

Cuando me permito esperar que el mundo saldrá de sus problemas actuales y que algún día aprenderé a entregar la dirección de mis asuntos, no a crueles titiriteros, sino a hombres que posean sabiduría y valor, tengo ante mí una nueva visión luminosa: un mundo donde nadie pase hambre, donde hayas pocos enfermos, donde el trabajo sea agradable y no excesivo, donde sea corriente un sentimiento bondadoso, y donde las mentes liberadas del temor creen placeres para los ojos, los oídos y el corazón. No digáis que es imposible. No es imposible. No digo que se pueda hacer mañana, pero sí dentro de mil años, si los hombres dirigieran sus mentes a lograr este tipo de felicidad que sería la propia del hombre.

Rusell, B., Sociedad humana: ética y política.

Dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar las cosas que sí puedo cambiar y sabiduría para conocer la diferencia.

Marco Aurelio

Pues más claro, agua.

Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá…

Pero quizá desencadenen la alegría de hacer y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

Eduardo Galeano

Cada cual que lo entienda desde el ámbito que quiera, creo que es aplicable a tantas cosas…

He llegado a una conclusión aterradora: yo soy el elemento decisivo en el aula. Es mi actitud personal la que crea el clima. Es mi humor diario el que determina el tiempo. Como maestro, poseo un poder tremendo: el de hacer que la vida de un niño sea miserable o feliz… Puedo ser un instrumento de lesión… o de cicatrización.

G.Guinot, La tragedia educativa

 

Da igual el humor del que esté el alumnado, detectan enseguida si pueden seguir así o deben cambiar instantáneamente. Y eso va a depender de mi actitud al entrar en clase, es lo realmente determinante.

Entonces, ¿cómo queremos entrar?

Me ha llegado a pasar que he entrado en un aula y les he dicho: “Por favor, vengo muy alterado de la clase anterior, os pido un ratito de comprensión para que me relaje, no quiero pagarlo injustamente con vosotros”. Y siempre me ha funcionado.

El miedo es muy sutil y se cuela gradualmente, reptando en nuestro interior de forma que nosotros ni siquiera lo notamos. Cuando miro a mi alrededor, veo que a muchos de nosotros nos han enseñado a tener miedo desde muy temprana edad, porque no creo que naciéramos así.

Anita Moorjani