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¡¡¡Menos mal que estamos los hombres…!!!

¡¡¡Menos mal que estamos los hombres…!!!

Menos mal que estamos los hombres…

Los hombres resolvemos las papeletas que hagan falta, los hombres estamos ahí para animar, los hombres estamos ahí con la fuerza bruta para imponer nuestro imperio cuando queramos, somos hermanos, primos, alentadores o entrenadores de campeonas olímpicas, solucionamos las cosas y si no es por nosotros…

¡¡¡Menos mal que estamos los hombres!!!

 

Dejando ya a un lado el tono cínico que quizás alguien no haya detectado (y lo mismo hasta alguien habrá que se haya ilusionado con el primer párrafo y empiece a dejar de leer este post, claro…), lo cierto es que desde siempre, consciente o inconscientemente, el hombre ha querido dejar patente y manifiesto su aparente superioridad (insisto en lo de “aparente superioridad”) con la intención de poder dominar la situación. Cada uno es superior en alguna faceta o disciplina, independientemente de su género. No es lo mismo ser superior en algo, estar más instruido, más formado o entrenado, que sentirse superior, que todos conocemos a quien se cree algo y luego nada de nada.

Y hoy yo mismo entono el mea culpa por haber entrado multitud de ocasiones en algunos tipos de comportamientos machistas de forma inconsciente en mi devenir cotidiano, puesto que, es lo que he vivido y aprendido como algo normal (en prácticamente todos los ámbitos) hasta el despertar a la realidad. Mucho trabajo personal, mucho esfuerzo y muchas meteduras de patas (aún hoy) me hacen caminar aún por este sendero que bordea el precipicio.

Llegados a este punto y considerando determinadas actitudes como de lo más normales, hay que dar gracias a personas como Nohemí Hervada, que nos abre los ojos, a veces, con más rabia de la que me gustaría, pero con el enfado de quién ya no aguanta más tanta presión machirula; a RealKiddys, que nos enseña que no hay diferencias entre chicos y chicas (en cuanto a colores, gustos, juegos, ropas…), a que sean auténticos, reales y libres más allá de su género; y a otras muchas personas que trabajan o trabajamos en campos en los que tenemos mucho que aprender y que enseñar aún. Vivir algo como normal no quiere decir que sea lo correcto (por ejemplo, la corrupción en nuestro país y en tantos otros) y despertar a esa realidad se puede convertir en la condena final del mito de Sísifo.

De veras os recomiendo la cruda lectura del artículo de Nohemí Hervada.

Últimamente, corrientes designadas en ocasiones como perversas (y que para nada lo son), intentan dar un vuelco a este tipo de situaciones. Y no hablo sólo de las que salen en prensa, ya sea de mujeres en pelotas o las del Papa Francisco que, a su manera y lo que le permite su contexto, trata de empoderar suave y paulatinamente a la mujer, a esa mujer que allá por el siglo III fue relegada y machacada, a esa mujer que fue condenada por dar la vida y traerla a este mundo, por tener contacto directo con el nefesh, ese hálito de vida que porta al alma y que fluye por la sangre; a esa mujer que, siendo poderosa, se la apartó de su lugar: cualquiera que le pueda apetecer. De hecho, el propio Francisco ha llegado a encargar un estudio serio y profundo sobre el papel de la mujer en los tiempos primeros del cristianismo, en aquellos tiempos que eran muy anteriores a que dijeran que María Magdalena, por ejemplo, fue una prostituta, cuando, en realidad, queda ya históricamente demostrado que fue la primera apóstol (o apóstola) de Jesucristo: o así me lo explicó en 1998 mi profesor de Historia de las Religiones de la Universidad (y era un señor muy religioso, casado, con familia y de misa, no era, para nada, un reaccionario anti eclesial, sabía de lo que hablaba).

Se hacen chistes, se cuentan historias, se deja ver que son peores deportistas, que dependen de un hombre (antes se las llamaba “señora de”, y a mucha honra, porque en aquellos tiempos se les vendía como imprescindible); ahora son hermanas de un hombre, hijas de un hombre, primas de un hombre o se dice que menos mal que un fulanito (hombre) estuvo pendiente de ella de alguna u otra forma, no hay más que leer la prensa olímpica de este verano), se las acusa al volante, se las quema por brujería o se las viola por ir sólas y provocando a los hombres. Porque en este mundo hay que ser tonta como para llevar minifalda y, además, ir sóla por la calle (de nuevo, tono cínico).

Los que trabajamos en educación nos enfrentamos a un repunte descomunal de machismo retrógado en nuestras aulas. O así lo veo yo por los lugares en que me muevo. Sacaré el tema en mis clases próximamente y estoy convencido de que muchas (gracias a dios, espero que no demasiadas) de mis alumnas confesarán sin pensar que hay que ser tonta por ir sóla y peor aún, que hay determinadas ropas que no se pueden poner, o determinadas cosas que hacer o determinadas personas a las que ver si no es con su chico… y posteriormente reconocen en su mirada la tristeza de no poder pasear o ir a ninguna parte si no es con su chico, porque ya no pueden quedar con sus amigas o con otros chicos. Los educadores tenemos que invertir esa percepción. Claro que hay que ser prudente, claro que hay que ir con cuidado, claro que uno debe estar alerta, pero eso es con independencia de ser hombre o mujer, de ser guapa, de vestir de tal forma… A cualquiera nos pueden asaltar en algún momento de nuestra vida. Y el mundo está tan lleno de depravados de un tipo u otro, que nadie está a salvo de ellos.

Sin embargo, lo triste de todo esto es que llegados a casos extremos como el de este verano, revertamos la maldad en la chica violada, en que era tonta, en que se lo merecía, en que iba vestida de tal forma… Los únicos culpables de este tipo de tropelías son los que la cometen. Eso dicen siempre en CSI o en Mentes Criminales: cuando un familiar llora desconsoladamente al no poder salvar a alguien y le dicen: “usted no tiene la culpa, el único culpable es el criminal”. Porque claro, por esa regla de tres, como he leído en alguna parte de internet (y si alguien sabe dónde lo he podido leer, que me deje el comentario y pueda poner el enlace aquí mismo, los que me seguís ya sabéis que no me gusta apoderarme de lo que no es mío), si roban un banco, es culpa del director, por ejemplo, porque a quién se le ocurre tener una caja de seguridad llena de dinero en el centro de la ciudad, con la de gente que hay por los alrededores hurgando en contenedores o pidiendo limosna; o al joyero que acumula en escaparates más oros que EE.UU en Río’16.

Los que trabajamos en educación tenemos un papel fundamental en un camino largo, sinuoso y nada agradable. Y se hace necesaria nuestra persistencia, nuestro tesón y nuestro sentido común, del que fuimos desprovisto en muchas ocasiones en nuestro particular proceso educativo.

EN EDUCACIÓN SE DEBERÍA INVERTIR PROFUNDAMENTE EN EDUCACIÓN, Y NO EN FACHADAS.

YA ESTÁ BIEN DE FACHADAS

Ya está bien de proyectos preciosos sin recursos, de normativas obsoletas o perversas, de leyes que obligan a parchear temas tan fundamentales como es el machismo y el papel de la mujer.

Las chicas deben saber que no es culpa de ellas, que por llevar una falda corta no deberían ser objeto de violaciones, que en su cama entra quiénes ellas quieran, y nadie más. Exactamente igual que debería hacer un hombre, sin más aspavientos. Ya todos sabemos que la diferencia entre un hombre y una mujer con cierta libertad sexual es que él es un machote y ella una fulana (por ser cortés en mi escritura). Lingüísticamente, también sabemos que algo muy bueno es “cojonudo” y si es muy pesado es un “coñazo”, y desde ahí se puede hacer un seguimiento léxico y semántico a multitud de palabras y expresiones. Y como siempre digo, la resistencia al cambio es tan poderosa, que hace muy difícil este tipo de cambios, porque el poso que arrastramos en nuestras vidas es infinito en el tiempo atrás, y el peso de lo que hemos aprendido tiene una fuerza que arrastra a conceptos inverosímiles que no deberían estar permitidos en pleno siglo XXI.

Sin embargo, preferimos seguir designando a estas luchadoras como locas, brujas o putas.

Y así nos va.

Y así nos seguirá yendo, claro.