Mujer señalada, acosada y perseguida

Un minuto de silencio

Un minuto de silencio a las doce en punto

 

Algunos de estos párrafos habrá que entenderlos desde la ironía…

 

 

A las doce en punto del martes 18 de diciembre se guardaba un minuto de silencio en la Biblioteca Nacional y en muchísimos centros educativos, así como en otros muy diversos lugares a lo largo y ancho del país, para rendir homenaje a lo “inhomenajeable“.

Ayer, hoy y mañana a las doce en punto, millones de mujeres volverán a tener miedo por una u otra causa, a pesar de llenar las redes y otros foros de comentarios y fotos en los que expresen que no quieren pasar más miedo.

A las doce en punto de cualquier día volverá a ser asustada, apaleada, vejada, humillada, violada, piropeada, pisoteada, explotada sexualmente, cosificada, perseguida, castigada, menos pagada en su trabajo y un sinfín de acciones más cualquier mujer en cualquier punto del planeta. Sí, sí… ya sabemos que algunos hombres también…

A las doce en punto de ayer, el profesor de mates y lengua de mis hijas premiaba a la clase, poniéndoles música de regaetton en las que queda clara, patente, evidente y manifiesta la cosificación de la mujer y su posterior desprecio. Letras en las que se dejan clarito que te abandono, pero tengo a las gatas de tres en tres haciendo cola; o que ahora tengo un mejor culo que me chinga mejor; o donde se expresa que eres sólo mía y de nadie más; que me pones bellaco y haces que se note; que te voy a hacer las de grey a la sombra; enamorao de tu culo, tráete a tus amigas; todos te quieren probar, pero hoy te voy a buscar, porque eres mía…y otras maravillas…

A las doce en punto las leyes dictaminarán que unos jueces cumplan con su inmoral deber  de absolver a otros que tuvieron la suerte de campar a sus anchas y salir medio impunes para volver a cometer tropelías y muchachadas, pobrecitos…

¿Violada?

Foto del Muro de Nohemí Hervada

A las doce en punto de cualquier día, yo me sentiré afortunado y coartado al mismo tiempo. Desde mi situación de poder y bienestar (y eso que mi envergadura no es mucha), me produce una mezcolanza entre respeto y vergüenza el hecho de cruzarme, por ejemplo, con una mujer sola a determinadas horas en las que la oscuridad acecha y en determinadas calles que parecen estrecharse y silenciarse. Sé que no podré sonreír con naturalidad, como suelo ir por la calle en ocasiones. Percibiré, como tantas veces, el miedo en la disimulada mirada que me observa vigilante de reojo. No podré sonreír ni para tranquilizarla de que no tengo más intención  que ir por la calle tranquilo, como debería ir ella. Y no podré hacerlo porque pensará que quizás esté tratando de establecer una cercanía inexistente disfrazada de acoso y que pueda terminar en la oscuridad de un portal abandonado.

Francamente, me da vergüenza que pasen estas cosas. Cuando oigo historias de amigas, compañeras o conocidas que te cuentan cuando les dijeron, cuando les enseñaron, cuando las siguieron, cuando las insultaron… Siento otra mezcolanza, esta vez entre rabia, impotencia y vergüenza de mi especie y de mi género.

 

Como escribía el otro día mi amigo y admirado Rafa Soto en su muro de facebook: El barómetro del CIS de julio de 2018 no sitúa la violencia machista contra las mujeres entre los 15 primeros problemas que la población percibe. En ese mismo mes fueron 6 las mujeres asesinadas. Quizás no sean 4 monstruos, quizás seamos la sociedad.

 

A las doce en punto de cualquier día yo he hecho algunas cosas terribles a lo largo de mi vida. No quiero entrar a justificarlas, pero sí sé que fueron por no poner atención, por no pensar, por no respetar conscientemente, por cuestiones culturales, por aprendizajes que nunca me planteé porque desde mi posición todo se ve diferente.

Hace años esto fue cambiando y, como siempre digo, aún cometo muchos errores, pero intento poner atención a lo que hago y escuchar cuando alguien me dice lo que he hecho. Durante años, por ejemplo, me negué a cosas tan tontas como al uso de la @ para señalar a dos géneros que no deberían estar diferenciados, hasta aquí podría ser incluso respetable, la cuestión era que yo me empeñaba en que el término marcado era el masculino en -o y que así eran las cosas. En fin… En este sentido, algunas amigas me ayudan mucho a replantearme expresiones.

Pido perdón por todo aquello que no contribuyó a mejorar el mundo y crear una sociedad más igualitaria y respetuosa con las mujeres. Pido perdón por mi ceguera, mi ignorancia, mi falta de empatía en tantas ocasiones. Honestamente, creo que estoy tratando de revertir la situación y volver a equilibrar la balanza en mi caso. Como siempre digo, es puro egoísmo, el egoísmo altruísta y hermoso de querer lo mejor para mis dos hijas.

Y pido perdón porque, como hombres, estamos fallando a la sociedad, a las mujeres, al presente y al futuro.

A las doce en punto de un día que quizás no veamos, el reloj debería marcar la hora en que todo debería estar bien, la hora en que cualquiera pueda entrar o salir libremente, cobrar lo mismo, salir con quien quiera, charlar con quien le apetezca, vestir a su gusto, sentirse bien consig@ mism@, la hora en que nuestras hijas y tantas otras pueden vivir, respirar y amar en paz.

 

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