aparcando niños

Aparcando niños que molestan

Aparcando niños no es lo mismo que educando niños. Sí, ya sé que esto es de perogrullos, sin embargo hay que decirlo, porque muchas personas no se han dado cuenta, o eso parece.

[Edito este párrafo que añado después de  haber publicado, puede ser necesario: Antes de que sigas leyendo, he de confesarte que esta vez he escrito desde las tripas más retorcidas, desde el dolor y la impotencia de quien pretende construir y se siente zancadilleado por doquier; creo que es un post duro, quizás ofenda a alguien, pido disculpas de antemano sin por ello pretender justificarme, pero a la par creo que debo ser honesto y contároslo.]

Los padres exigen que los profesores trabajen en julio para dar clases de recuperación, así lo dice La Voz de Asturias.

Y así lo plantea Elena González, presidenta de la Federación de Padres Miguel Virgós, el colectivo mayoritario en la escuela pública asturiana, según leemos en el mismo diario.

La presidenta en cuestión se queja de que se haya instaurado la jornada continua en detrimento de la partida, ya que eso sólo favorece a los funcionarios, y no a los niños, a los que hay que proteger. Se ve que no ha entendido de la misa la media, y que el niño debe pasar menos tiempo en el cole y más tiempo en familia, jugar con sus progenitores y hermanos, vecinos, pasear, ver museos, salir al parque… Y que, quizás, sólo quizás, es en su lugar de trabajo en el que debe protestar, para tener más tiempo libre en familia, porque lo realmente importante no es que al niño se le esté aparcando muchas horas en un centro escolar, sino que lo pase con su familia. Al niño no me lo castiguen sin recreo que me voy a la inspección y a la tele y me llevo para adelante a todo el mundo, pero sí, déjenlo sin verano, que vaya al instituto a recuperar. Y así  seguimos alimentando la maquinaria con nuevos sacrificios diabólicos que engullen a nuestros hijos en una sima de infelicidad. Y, créanme, sé de lo que escribo.

Y es, por esa misma regla de tres, por lo que la presidenta manifiesta que lo que pretende es que el profesorado se haga cargo de sus hijos también durante el mes de julio. Haciendo referencia, cómo no, al factor económico. Y es que el hecho de conseguir una verdadera gratuidad de la educación pasa por ahorrarse unas clases particulares. Otra reducción al absurdo. Siguen pensando en el precio, no en el valor.

Aumentar las horas de lo que ya no da más de sí es uno de los disparates que más daño está haciendo a la escuela actual. Por ejemplo, al alumno que va mal en lengua o en mates y que, en el caso de secundaria, se vertebra a lo largo de unas 4 horas semanales (depende del curso), para ayudarle, se le pone una o dos horas más a la semana con el eufemismo de Refuerzo Educativo. Vamos a ver, alma de cántaro, si el alumno no puede, ha abandonado o no le interesa y/o gusta la asignatura de lengua… cómo le añades dos tazas más???? ¿Y si se prueba a hacer algo diferente en lugar de añadir dos horas más de lo mismo?

Pues esto igual. Como el niño tiene que recuperar, pues que el mismo profe le dé clases de recuperación durante el mes de julio, porque, como son funcionarios, éstos sólo se merecen un mes de vacaciones. Y, ¿saben lo que pienso al respecto? Que el hecho de vincular la necesidad de una recuperación con las vacaciones del profesorado no sólo me parece ruín y rastrero, sino falto de integridad, de sentido común y de una honestidad decente para con usted misma y para con los demás, porque esto no trata de las vacaciones, no trata del dinero… Trata de sus hijos.

¿Saben qué?

Primero, es que eso suena a envidia cochina: “si yo no puedo, tú tampoco”. Así que, a lo esperanza aguirre, vamos a rajar del profesorado y a exigirles que se queden con mis niños, que yo tengo trabajo, no tengo tiempo de ocuparme de ellos y no puedo pagarle una academia. Pues que quiere que le diga, los que hicieron guarreridas sexuales para concebirlo fueron ustedes. Asuman que el hijo es suyo y sean responsables de una maldita vez. Que ya está bien de echarnos el muerto a los profesores en general. El niño es suyo. Y estoy absolutamente convencido de que no es nada pedagógico tener a los niños un mes más en un centro escolar. ¿Todavía no se han dado cuenta del daño que les hace eso? ¿En serio?? Es que no es sano, además de salubre, ni en Málaga a treinta y muchos grados ni en Asturias por más que llueva o haga sol.

Segundo, es que eso no es pensar en el niño. Si de verdad quieres que tu hijo mejore las malditas notas que nos clasifican en un estamento académico u otro, si de verdad lo que pretendes es eso, por qué crear la necesidad de tenerlo un mes más en el instituto atacando al profesorado. ¿No es más logico buscar fórmulas conjuntas que mejoren y reestructuren el sistema educativo en general? ¿No es mejor construir entre todos? ¿No se dan cuenta de que alguien pretende dividir por un lado a los padres, por otro a los profes, por otro a los políticos, por otro a la administración… y que por todos los agujeros que se van creando se van cayendo en el foso sus hijos?

¿De veras no se han dado cuenta de la estrategia?

Pues divide y vencerás.

Profes que rajan de familias (que las hay geniales, comprometidas y fantásticas; pero también las hay, y muchas, que merecerían el peor de los castigos que encuentre el señor Philip Banks [chiste para frikis]); familias que rajan de los profes (que los hay geniales, comprometidos y fantásticos; pero también los hay necios, imprudentes, vagos rastacueros y lo que queráis…); administración que sanciona, profes que critican la administración, familias que denuncian, profes que… y mientras la maquinaria pesada de la educación, ésa que funciona como la ruleta de la diosa Fortuna, sigue su empuje por un ciclo vital incomprensible que no sabe hacia dónde se dirige.

Y vuelta a empezar.

Y otra vez. Pero ahora con otra vuelta de tuerca. Y luego otra… y así estamos, cada vez peor. Destruyéndonos entre todos.

Y si queremos dirigir la lucha contra el profesorado en general, contra sus vacaciones, surgirán nuevas cosas. ¿Qué se creen? ¿Que los profesores van a seguir trabajando horas y horas sin descanso todas las tardes del curso? Y entonces luego las familias protestarán por cualquier cosa nueva de espíritu aguerrido (de aguirre), y los profes se defenderán e inventarán algo nuevo. ¿No creen que ya llevamos así muchos años? ¿No es mejor pensar, de verdad, en lo que es mejor para sus hijos? Y eso pasará, tal vez, por echar a algunos profesores de su empleo, porque no sirven para esto; pero también por quitarle la custodia a muchas familias, porque un niño que no es atendido como se merece es el peor delito que podemos cometer contra la humanidad, es la peor semilla que podemos sembrar para el futuro, como de hecho ya se está viendo.

Señores y señoras, por más mierda que nos echemos encima unos a otros, eso no nos lleva a ningún buen puerto.

Y en el camino se están ahogando sus hijos,

ahogados

que perecen en un mar de dudas del que no saben salir

ni al que saben enfrentarse.

Colaboremos, trabajemos para ver cómo introducir cambios, charlemos, pongámonos de acuerdo.

Pero vamos a dejar de juzgarnos y de culpabilizarnos, porque ése camino religioso no es sano, ni constructivo. Vamos a crear puentes, a construir autopistas, vamos a mejorar el mundo, pero con nuestro esfuerzo, nuestro empeño y nuestro ejemplo, no con desfachateces como ésta. Familias asturianas, esto no tiene nada que ver con las vacaciones de los profesores (y si es así, entonces ustedes están menos sanos de lo que parecen y necesitan una terapia para no vivir con el recelo de la envidia), esto tiene que ver con la salubridad de sus hijos.

Como dice Fernando Parrado, nos ha tocado viajar en la fila 9. Entonces, ¿por qué insistimos en sentarnos más atrás y cargarnos a nuestros hijos? Porque seguimos pensando en un paradigma clásico que nos hace creer que cuanto más estudie nuestro hijo, mejor vivirá y más feliz será. Un paradigma de obediencia ciega que nos permite ser productivos día y noche para tener una mísera vida que remojamos en cerveza o en sidra con un sueldo que no nos deja ver la realidad de las cosas. Y seguimos sin darnos cuenta.

Familias y profesores; profesores y familias, seguimos picando el anzuelo de una pescadilla que se muerde la cola. Estamos en un bucle mental que nos tiene  anclados en medio de un océano lleno de tiburones, pero de los de Spielberg (porque los tiburones no son tan sanguinarios como nos lo pintó él).

Sé que me he enrollado hoy mucho, pero es que me tenéis hasta los mismísimos entre unos y otros. Los compañeros se piensan que los criticas constantemente y que los juzgas; las familias te echan en cara; nadie te agradece una mierda, salvo los niños, los mismos que te dicen en algunas ocasiones: ¿y tú por que no has sido mi padre?  ¿Sabéis lo que es que un niño de 15 años te diga eso? Los niños… los mismos que te hacen cosas como las que os cuento aquí. Y es sólo por ellos por los que sigo ilusionado, dejándome la piel, con errores y aciertos, por esos niños que, independientemente de sus notas, llevan suspensa la familia, el amor, la educación emocional y respetuosa.

Los niños son nuestro futuro, y los tratamos como estúpidos peleles con los que algunos quieren jugar a ser dioses de vinilo que no tienen ni idea de cómo hacer.

Vergüenza debiera darnos.

 

Y no he querido enrollarme más, pero hay temas que toco aquí tangencialmente y que creo que deben ser desarrollados próximamente.

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