Espejismos en el desierto.

Espejismos en el desierto.

Así es como la administración, en muchos casos, sigue ofertando espejismos en el desierto.

Hoy, como dice mi amigo virtual José Luis, voy a hacer amigos.

Y es que estaban mis niñas viendo Frozen y yo pululaba por allí. De pronto vino la  canción “Suéltalo” y me he visto abocado a soltarlo, del todo. No sé si me entenderá bien…

Me mosquea toda esta gente defensora de una educación pública sin sentido. Esas personas que te juzgan, sentencian y sancionan a la vista o a escondidas si tienes a tu hijo en un centro concertado o privado o si un día defiendes algún aspecto de centros concertados o privados… Esa defensa sin sentido por la escuela pública, aparentemente arraigada en un concepto sutil que persigue una educación pública de calidad.

Son personas que, en cuanto comentas algo bueno de algún centro concertado o privado, salen raudos y veloces en defensa de la pública y de los grandes maestros que allí podrás encontrar.

A veces, incluso, son personas que defienden la pública a ultranza como si se tratase de la Guerra de Lepanto, pero luego llevan a sus hijos a centros de educación infantil alternativos y se dejan 400 o 500 euros al mes por niño (que me parece genial, pero que me parece incongruente).

Y me mosquean porque se las apañan para hacer sentir mal a otros, para hacerles sentir que lo que están haciendo es una condena de por vida para el grupo social. Muchas de esas personas (no todas) son tan cerradas de mente que parecen pintar de sangre de cordero las jambas de sus puertas, para librarse del paso de la muerte que se llevara el último hálito de tus hijos.

 

Y se erigen portadores de la defensa de una educación que es una auténtica y genuina PORQUERÍA, por no decir una absoluta mierda. Una piltrafa, una engañifa…como la de algunos centros concertados y privados. Igual.

 

Ya lo he dicho.

 

Claro que hay grandes profesionales en la pública, eso no lo voy a discutir, no podría ni aunque quisiera (que no), porque conozco a grandísimas personas que hacen un trabajo maravilloso.

John Taylor Gatto, escritor de la famosa Historia secreta del sistema educativo, tras ser elegido 3 veces consecutivas como el mejor profesor del Estado de Nueva York, decidió que lo dejaba, abandonaba su labor de profesor, decía que «no quería seguir haciendo daño a los niños». Y no me extraña. Porque a mí me encantaría hacer una cantidad de cosas tan grande y tan chulas, que me muero por dentro de no disponer de casi ningún recurso. Me exprimo la cabeza a diario, como tantos otros compañeros, para hacerlo lo mejor y más dignamente posible, para no ser un mercenario de la educación, que va a trabajar sólo para ganarse el sueldo. Pero nadie ayuda a superar eso, salvo mi propia convicción interior (y la de tantos otros), ésa que no sería raro que algún día se extinguiera… o no.

También conozco profesionales así en centros concertados.

Porque lo que hace que un centro sea bueno no es su etiqueta, sino sus personas, las que trabajan allí dentro y se dejan la piel (los que no se la dejan, evidentemente, no cuentan, y de eso hay en todas partes). Nos pasamos la vida criticando el hecho de que se le ponen etiquetas a las personas, a los niños, el daño que hace eso… y luego vamos y ponemos etiquetas a los centros. Y cuando etiquetamos a los centros por su rango administrativo, lo estamos haciendo mal, muy mal. No hablo de que ojalá toda la educación fuese pública, hablo de la defensa ingrata de lo que no es. Si los profes son buenos, qué más da que el centro sea público o privado o concertado. Cada uno elige lo que más prefiera según se amolde mejor a sus objetivos personales, que son únicos e intransferibles. ¿Quién es capaz de juzgar a otro por llevar a su hijo a un concertado que tiene un ciclo formativo que le encanta y que está al lado de casa? ¿Me tengo que ir a la otra punta de la ciudad para ir a uno público? Otra cosa, insisto, es que todos los centros se hagan públicos, ahí ya es otra historia, sin embargo, las personas que defienden a veces tan solo esto, son otras diferentes, no critican sin más a los concertados, no, proponen un camino diferente y respetable.

Lo que sucede es que, si toda la educación se hiciera pública, eso supondría una inversión en educación enooooorme. Sí, enorme, porque una plaza en un concertado es mucho más barata que en uno público. Y eso no tiene pinta de pasar, al menos no durante unos años. Ojalá se invirtiera tanto dinero en educación algún día.

Y, ¿saben qué? Que los centros públicos se ofertan muchas veces como TIC, Bilíngües, Adaptados, de Compensatoria, CAEP, con atención personalizada para NEE, con atención a niños de Altas Capacidades, Escuelas-Taller, residencias escolares, ESA y un sinfín de siglas… que, en muchos casos, no llevan a ningún sitio.

De todos los profes que conozco, y créanme que son muchos, se podrían contar con los dedos de una mano los que trabajan en centros donde los ordenadores, PDI y otros materiales TIC funcionen correctamente y con normalidad durante el curso normal. Siempre hay pegas, siempre hay defectos (luego, incluso, hay quien te acusa de maltratador de ordenadores, porque si están rotos es por culpa del profesorado, no porque el sistema operativo sea obsoleto y lleve un montón de años sin las actualizaciones decentes). Y es comprensible, porque es la propia administración la que no aporta ni un céntimo. Una vez estuve en un centro que debía a Endesa cierta cantidad de euros porque la Junta no le enviaba dinero…

Bilingüismo… ja…, pero ja, me maten!!! En secundaria se arrastra un salto tan enorme entre el profesorado y su actualización lingüística que es hasta ridícula. Centros que se ofertan como bilingües y en los que casi nadie habla ningún otro idioma que no sea el castellano.

Veréis, cuando en un centro de primaria se tienen dos lenguas habladas entre sus maestros, a esos alumnos les corresponde igual al llegar a secundaria a lo que se le denomina su centro adscrito. Pero, ¿qué sucede si los profesores de ese instituto no saben hablar inglés, pongo por caso? Nada. Absolutamente nada. La Junta oferta el centro como bilingüe, cuelga una placa, pone un cartel y exige que, desde ese momento, todo aquél que quiera ir al instituto debe tener su correspondiente B2, pero no se les exige nada a los que ya trabajan allí.

Y así es como la administración, en muchos casos, sigue ofertando espejismos en el desierto.

Y así sucede con tantas otras cosas, porque para que una educación sea de calidad, lo que hace falta es dinero y buenos profesionales, independientemente de la etiqueta del centro, porque si un centro funciona no es por la administración, sino por la voluntad de sus trabajadores (los que la tengan), igual que en un centro de salud o en una empresa privada, que hace dos noches fuimos a cenar a un lugar y la camarera solo puso pegas para hacernos sitio a los 7 y nos fuimos a otro a cien metros.

Voluntad. Y honestidad, profesionalidad… y muchísimas otras cosas.

Y que conste que no critico a los que desearían que todo fuera público, porque esa es una opción personal que yo no soy quién para discutirla, esto va por aquellos destructores que ni se paran a pensar por un momento en que las personas deben estar más valoradas por encima de tanto convencionalismo o moda transitoria.

Hoy me he enrollado un poco, pero es que me mosquean todas estas personas que no aportan, sólo critican y destruyen, así, a lo loco, sin pensar.

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