Foto tomada de photl.

¡Qué suerte tienes con tus hijos!

¡Qué suerte tienes! es, en apariencia, una frase inocua y que, no obstante, según en qué contexto, a mucha gente molesta y hace daño.
Yo hoy lo voy a usar para el contexto de los hijos.
Esta entrada se la quiero dedicar hoy a mi hermana Carolina.
Cada vez que nos dicen ¡Qué suerte tenéis! ¡Vaya dos niñas!, mi mujer y yo solemos pensar lo mismo, a veces, incluso, lo expresamos a la persona que lo ha dicho:
Me vas a perdonar, pero suerte podría ser que nazcan sanos, todo lo demás son horas, horas, horas y horas de trabajo constante durante 24 horas al día, 365 días al año.
 
Es un trabajo intenso y duro que es capaz de sacar lo peor de ti en algunas circunstancias o inducirte a la culpa; sin embargo, a la vez, es de lo más reconfortante, gratificante, placentero, altruista, maravilloso, satisfactorio, innovador, creativo y fantástico que puedas imaginar. Es una aventura increíble.
Es no acabar una discusión con “porque yo lo digo”.
Es dialogar durante 40 minutos para ver las posibles soluciones a una pelea fraternal.
Es equivocarse y asumirlo sin complejos.
Es equivocarse y pedir perdón.

Es paciencia, sacrificio elegido, ingenio, paciencia (sé que lo he dicho antes, pero es que hay que tener mucha), creatividad, coordinación, estabilidad, autocontrol, amor, amor, amor, risas, más paciencia y más amor, ternura, caricias, tiempo, tiempo tiempo, cosquillas, abrazos, dedicación, ignorar la estupidez humana que en ocasiones nos rodea, amor, risas, lápices de colores, piropos… y tantas otras cosas que os invito a que dejéis escrito en los comentarios si os apetece.

Ya hablé de algo parecido en mi post Así deletrean los niños la palabra amor de febrero de este año, entrada que si no leíste, te invito a hacerlo ahora después.

Sin embargo, en mi humilde opinión, no es suerte; perdónenme, no quiero ser grosero, pero la suerte es para otras cosas.
Nosotros no tenemos suerte, tenemos dedicación y tiempo, y amor infinito por nuestros dos regalos del cielo que son nuestras hijas.
No nos vean por la calle y nos digan qué suerte, díganme otra cosa, pero no suerte porque ven que las niñas se relacionan, juegan, aprenden o leen mucho. Han sido muchas horas de trabajo sin reconocimiento de trienios las que hemos invertido, y muy orgullosos que nos sentimos de ellas (de las horas invertidas y de las niñas).

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